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La otra historia de David. La narrativa revolucionaria cubana y los mecanismos de propaganda. El código cultural Cuba vs. USA. (Segunda parte)

En la segunda entrega sobre el uso del mito de David y Goliat como parte del relato revolucionario emerge el motivo constante de la codificación del bien y del mal explotado por el régimen en distintos discursos cuya eficacia ha logrado demostrar en décadas de dominación simbólica más allá de los límites insulares.

David contra Goliat o el código cultural de un mito

Seis años y 363 días antes de que Cuba fuera una República independiente, José Martí, el principal organizador de esa independencia, acampado en la manigua cubana, le escribía una sentida carta a un querido amigo mexicano. En la misiva le hablaba, entre otras cosas, de su visión estratégica a largo plazo para el escenario político latinoamericano, donde según él, Cuba podría jugar un papel de barrera de contención ante una posible expansión de los Estados Unidos por el resto del continente. Infundadas o no, estas preocupaciones en la mente del Apóstol lo inquietaban desde hacía algún tiempo.

En silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin. (Martí, 1895)

Por lo que en la carta se dice, a Martí le preocupaba la idea de una futura anexión de Cuba a la joven unión norteamericanase muestra emocionado cuando habla del tema e incluso tiene palabras duras para el vecino país anglosajón, donde él mismo había vivido por unos quince años.

(…) impedir que en Cuba se abra, por la anexión a los imperialistas de allá y los españoles, el camino que se ha de cegar, y con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de Nuestra América, al norte revuelto y brutal que los desprecia (…). Viví en el monstruo y le conozco las entrañas, y mi onda es la de David. (Martí, 1895)

La carta quedó inconclusa. Un día después Martí moría en combate. Producto del desventurado hecho se le atribuyó a este documento en la historiografía cubana el estatus de “testamento político”, interpretación polémica con la que no todos los historiadores están de acuerdo. Sin embargo, aquella frase: «Viví en el monstruo y le conozco las entrañas, y mi onda es la de David»poseía una carga simbólica demasiado grande, delineaba una arista del pensamiento político martiano francamente antiimperialista y de confrontación con respecto a los Estados Unidos del siglo XIX —siglo en que la Unión había experimentado un espasmo expansionista, empresa que llevó a cabo con métodos, en algunos casos, cuestionables—.

Es cuanto menos desconcertante el hecho de que Martí usara un mito bíblico de tanto simbolismo para declarar su postura política frente al país que le dio asilo durante tantos años; sobre todo si tenemos en cuenta que el enemigo de los cubanos en ese entonces era el decadente pero todavía poderoso imperio español. Tal vez, el aun relativamente joven maestro (42 años) temía que la expansión estadounidense no cesaría nunca, hasta abarcar a toda la América insular y continental, algo que no sucedió.

Las palabras del apóstol gravitaron en el imaginario intelectual cubano durante algunas décadas hasta que Fidel Castro llegó al poder. Al iniciarse las hostilidades entre el Gobierno revolucionario y la administración estadounidense de turno, la idea de Martí comenzó a cobrar connotaciones de profecía y el comandante, seguido de una masa de pueblo enardecido, adquirió estatus de figura mitológica que encarnaba en sí mismo el sentido alegórico de aquella sorprendente frase.

¿Por qué David?

La fábula bíblica de David contra Goliat ha sobrevivido milenios en el universo cultural de nuestra civilización; posee —con independencia de sus implicaciones religiosas— notables méritos literarios y narrativos.

Tiene David los principales atributos del arquetipo del héroe, es humilde, valiente, idealista, bondadoso y justo. Se enfrenta a un enemigo muy superior y no pretende por ello reclamar la gloria, sino servir a su gente.

Tan venerado ha sido en nuestra cultura occidental que ha llegado a personificar, a través de la famosa escultura de Miguel Ángel, el ideal de belleza y perfección humanas, captado por la imaginación del artista minutos antes de enfrentar a su enemigo, honda en mano y cuerpo desnudo; héroe esbelto, joven, sensual y armonioso. Su belleza física, interpretada a la luz de la reincorporación de elementos del canon griego, característica del Renacimiento, es también una prueba de su benignidad y noble propósito.

En la cultura popular de América hay muchos ejemplos del culto a esta figura paradigmática. Dice un fragmento de una de las más populares canciones infantiles de todos los tiempos:

Estas son las mañanitas / que cantaba el Rey David / a las muchachas bonitas / se las cantamos aquí. // Despierta, mi bien despierta / mira que ya amaneció; / ya los pajarillos cantan, / la luna ya se metió.

La razón por la que esta canción prendió tan profundo entre las personas es porque contiene una serie de representaciones simbólicas codificadas en sus versos, vinculadas al significado que el mítico héroe tiene para aquellos que han crecido dentro del marco de influencia de la cultura judeocristiana.

La belleza (el bien), la armonía, la sensualidad y la preeminencia del orden sobre el caos, (simbolizada en el acto del amanecer —las mañanitas—, donde el rey Sol derrota el caos de las tinieblas nocturnas; una de las asociaciones simbólicas más viejas de la humanidad), son ideas contenidas en el arquetipo del héroe y también en la figura de David. Recordemos que al norte revuelto (caótico) Martí contrapone su honda de David y establece un muro de contención (orden) para impedir, en su concepción, que el caos avance por nuestras tierras de América.

Cuando triunfa la Revolución cubana, eran los barbudos unos jóvenes apuestos, carismáticos, muchos de ellos de humilde extracción y acababan de echar del país a un tirano decrépito y corrupto con un ejército que los superaba varias veces en cantidad y calidad militar. La impronta que dejó en el pueblo de Cuba y en el resto del mundo aquellos muchachones entrando en La Habana montados en tanques, rodeados de jovencitas y admiradores en enero del cincuenta y nueve, cristalizó en la conciencia popular como uno de los momentos más grandes de la nación cubana.

La Revolución fue, por tanto, asociada desde sus inicios con los elementos distintivos de la juventud: la valentía, la belleza, el arrojo, la sensualidad y las ansias de justicia. Sin embargo, el idealismo y la efervescencia romántica, empezó a despejarse cuando el Gobierno revolucionario comenzó a tomar medidas demasiado radicales y a alejarse de la tradición democrática que, con sus luces y sombras, había cultivado una joven República imperfecta en un mundo asimétrico como el de la primera mitad del siglo XX.

Entonces empezó la escalada de acciones y respuestas entre Cuba y los Estados Unidos. En este contexto, la política cultural del régimen, declarado socialista en abril del sesenta y uno, adquirió un papel prominente en el esquema de Gobierno de los jóvenes rebeldes. Mientras se caldeaban los ánimos, comenzó a emerger desde el inconsciente colectivo, condicionada por la propaganda, esta identificación con el mito bíblico del humilde guerrero, joven y hermoso que vence al gigante soberbio, revuelto y brutal, que se había heredado de aquella carta inconclusa de Martí.

La producción cinematográfica revolucionaria, administrada a los cubanos en forma de cápsulas vitamínicas ideológicas, fue el principal agente de difusión de esta lectura de la realidad. Así se convirtió la relación entre los dos países en una especie de puesta en escena, una reedición del mito, esta vez con efectos especiales e inolvidables secuencias de imágenes como las de Playa Girón o la Crisis de Octubre. La narrativa oficial retrataba a David y a Goliat, encarnados en dos credos contemporáneos contrapuestos. Goliat hegemónico, amenazador y arrogante, intenta someter al joven David, dispuesto a desaparecer en un intercambio termonuclear si fuera necesario; siempre en pie de guerra, expectante y excitado.

En el imaginario popular y la cultura cubana, la emergencia de este código cultural es un motivo constante. Los principales constructores de la narrativa revolucionaria asumieron este hecho como una ventaja competitiva y el régimen se sintió dueño de un incalculable capital simbólico, invertido con eficiencia, luego, en su propaganda a través de los años. Algunos ejemplos de las referencias al mito contenidas dentro del universo narrativo de este código, son las siguientes:

  1. Una de las fotografías más famosas de Korda (Alberto Díaz Gutiérrez) se llama David y Goliat. En ella aparece Fidel Castro de pie, mirando hacia arriba, frente a la enorme estatua de Lincoln en su memorial en Washington. Esta foto —nombrada así años más tarde— fue tomada el 19 de abril de 1959, casualmente en esa misma fecha, pero de 1961 se rendían los últimos expedicionarios de la invasión a Playa Girón.
  2. El conocido serial televisivo —producido con la colaboración de la Seguridad del Estado— En silencio ha tenido que ser. Su propio título es una frase extraída de la carta de Martí. El personaje principal —un agente del G2 que se infiltra en las redes de la CÍA y la oposición cubana en Estados Unidos— interpretado por el actor Sergio Corrieri, se llama David. Al principio de cada capítulo una voz en off lee un fragmento de la carta, con una imagen del Apóstol al fondo. El texto aparece en pantalla y asciende lentamente con la oración que da nombre al audiovisual subrayada. Según EcuRed, este serial es «uno de los más exitosos en toda la historia de la televisión cubana»Su vinculación explícita al código David y Goliat hace a este material entrañable para algunas generaciones de cubanos, quienes, en muchos casos, se emocionan ante el solo hecho de escuchar los acordes iniciales del tema musical de la serie.
  3. En la conferencia de prensa ofrecida por Fidel Castro en abril de 1990, ante agencias internacionales, con motivo del litigio entre Cuba y el Gobierno estadounidense sobre las transmisiones de TV Martí a la Isla, Castro dijo:

En este caso, nosotros no solo estamos defendiendo el derecho de Cuba: esta es la guerra de David contra Goliat, una vez más; una guerra electrónica ahora entre David y Goliat, en que realmente David está demostrando tener mucha más inteligencia que Goliat. (Pérez, 2020)

Sabía el astuto comandante que el uso oportuno del extraordinario poder simbólico del código, en el nuevo contexto de “guerra electrónica entre David y Goliat”, le iba a granjear el apoyo de la prensa y de la opinión pública cubana e internacional, como de hecho ocurrió. Es este sistema de referencias, una construcción subjetiva demasiado poderosa en el inconsciente occidental y a nadie se le ocurriría declararse públicamente partidario de Goliat. Esta treta ha funcionado a la perfección durante más de seis décadas y aún hoy funciona a las mil maravillas.

En la revista Estudios Latinoamericanos, número 41 del 2018, en un artículo titulado El legado de Fidel, Pablo A. Martínez, afirma:

Sin embargo, el lector cubano y latinoamericano en general sabe perfectamente que David es Cuba y Goliat es Estados Unidos. Por la misma razón, a raíz del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países en 2015, buena parte de los artículos y análisis que se produjeron recurren al mito bíblico; en vez de hablar de Cuba y Estados Unidos, evocaron a David y Goliat. (Martínez, 2018)

El antiguo ministro de Cultura y figura clave de la nomenclatura oficialista en la Isla, Abel Prieto Jiménez, dijo en una entrevista concedida al periodista Salim Lamrani en 2015:

En 1959, Cuba consiguió su independencia y se ha vuelto una gran potencia moral que muestra al mundo que es posible enfrentar el imperialismo. (…) Cuba ha dado prueba de una gran tenacidad en la defensa de sus principios. Pienso que es lo que no nos perdona Estados Unidos. David ha podido resistir a Goliat. (Lamrani, 2015)

Las alusiones dentro de la cultura cubana al mito son incontables, en la producción audiovisual, gráfica, escrita, musical, periodística, académica, incluso en la fraseología popular; la obra pasada y presente de varios autores está, de hecho, inspirada por esta idea. En muchas creaciones no son alegorías explícitas, sino que se emplean códigos más sutiles como es el caso de Una novia para David, o el de la increíblemente simbólica Fresa y Chocolate.

En este filme el David mitológico no está solo encarnado en el protagónico joven revolucionario David Álvarez, sino que está fragmentado entre David y Diego. Es un David evolucionado al que le toca luchar con otros Goliat, a parte del Goliat imperial. La película está llena de símbolos que sugieren que Diego y David no son más que las dos mitades complementarias de lo que tendría que ser el nuevo héroe cubano; son el ying y el yang, el aspecto masculino, cardinal y rudimentario del arquetipo, en pugna con su parte femenina, ilustrada y sensible.

En muchas ocasiones durante el filme pareciera que el personaje de David, cuando habla con Diego, se encuentra delante de un espejo, incluso hay momentos donde aparecen en el encuadre los personajes como una imagen especular el uno del otro, la sonoridad de sus nombres, el hecho de que los dos vengan del campo, el intercambio de helados al final de la película, acto simbólico en profundidad, donde David imita a Diego, acepta su otra mitad y completa su evolución en el film.

La escena en que David le dice a Miguel (quien tipifica al comisario retrógrado) “a mí no me capta nadie, a mí me capto yo”, que en efecto era lo que ocurría, cuando la otra mitad del arquetipo intentaba seducirlo y atraerlo al mundo desconocido de la cultura cubana negada por el oficialismo. La atracción sexual que siente Diego por David, y la curiosidad intelectual que le provoca este último al joven militante, son símbolos codificados que muestran la necesidad de reintegrar en un solo cuerpo estos pedazos del David fragmentado que era Cuba en los noventa —época en que se filma la película que, de hecho, cierra con broche de oro al fundir a los protagonistas en un abrazo, como acto simbólico de unificación.

Sirva el ejemplo para entender lo profundo que ha arraigado este código cultural en el inconsciente colectivo de los cubanos. Al día de hoy, está tan fuertemente vinculado al sentido de nacionalidad que ni siquiera se cuestiona si es una construcción artificial surgida al calor de una época o si siempre ha sido parte integrante de nuestra identidad.

Sea como fuere, parece que la nueva dirección política del régimen —que ha declarado ser continuidad de la élite predecesora— echará mano a esta visión del mundo tan poco conveniente para los cubanos y que nos enfrenta secularmente nada menos que con el primer consumidor potencial para los productos comerciales de Cuba y mayor mercado proveedor de tecnologías de punta, así como de know how del mundo. Sin embargo, las lecturas ideológicas de la realidad son primordiales para el Gobierno comunista que desplaza a los enfoques más prácticos sobre lo que podría ser una relación provechosa. Relación donde el principal beneficiario sería el pueblo humilde y depauperado que aun delira con los augurios de una posible guerra, agita su honda en el aire y espera propinarle en la frente el golpe mortal a un gigante imaginario que, después de sesenta años, aún no asoma su cabeza sobre el horizonte.

Referencias:

Álvarez, M. (2012). El noticiero ICAIC y sus voces. Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, Ediciones La Memoria.

Canal JORDAN B PETERSON. (26 de enero de 2017). 2017 Mapas del Significado 2: Marionetas e Individuos (Parte 1) [Archivo de Vídeo]. https://www.youtube.com/watch?v=EN2lyN7rM4E

Canal LUZIO STRATEGY. (30 de diciembre de 2012). Entrevistamos Clotaire Rapaille, autor do The Culture Code [Archivo de Vídeo]. https://www.youtube.com/watch?v=qeIugvb1IPg

Del Valle, S. (mayo-diciembre 2008). Cine y Revolución. La política cultural del ICAIC en los sesenta. Perfiles de la cultura cubana. Revista del instituto cubano de investigación cultural Juan Marinello. No.2 (2008)

Hedges, C. (3 de julio de 2003). What every person should know about war. New York Times. https://www.nytimes.com/2003/07/06/books/chapters/what-every-person-should- know-about-war.html

Lamrani, S. (2015). David ha podido resistir a Goliat, afirma Abel Prieto al abordar relaciones EEUU-Cuba. Aquí. http://www.semanarioaqui.com/index.php/lectura/3645-david-ha- podido-resistir-a-goliat-afirma-abel-prieto-al-abordar-relaciones-eeuu-cuba

Martí, J. (1895). Carta a Manuel Mercado [Archivo PDF]. http://uvsfajardo.sld.cu/sites/uvsfajardo.sld.cu/files/carta_de_marti_a_manuel_ mercado.pdf

Martínez, P. A. (2018). La Honda de David y el Quijote: la obra histórica de Fidel Castro. Revistas UNAM. Estudios Latinoamericanos. No. 41 (2018) 4 http://www.revistas.unam.mx/index.php/rel/article/view/64145/56280

Noah, Y. (2014). De animales a dioses: Breve historia de la humanidad. Penguin Random House Grupo Editorial.

Pérez, O. (8 de abril del 2020) Una guerra electrónica entre David y Goliat. La pupila insomne. https://lapupilainsomne.wordpress.com/2020/04/08/una-guerra- electronica-entre-david-y-goliat-por-omar-perez-salomon/

Rapaille, C. (2007). El Código Cultural. Una manera ingeniosa para entender por qué la gente alrededor del mundo vive y compra como lo hace. Grupo Editorial Norma.

 

Por

Fidel Gómez Güell. Cienfuegos, Cuba, 1986. Licenciado en Estudios Socioculturales, antropólogo cultural y escritor.

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