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Pocas definiciones, demasiados interrogantes

Este sábado 16 de noviembre La Habana celebrará 500 años desde su fundación. Esa fue la premisa tras la cual se realizó la primera visita oficial de Estado por parte del Rey Felipe VI y la Reina Letizia a la isla gobernada por Miguel Díaz-Canel.

Haciendo un repaso por la historia, recordamos que Cuba fue la última colonia española en América, consiguió su independencia en la última década del siglo XIX, esta es una de las causas por la cual su relación con España tiene algunos tintes particulares. “Contigo en la distancia” se hace llamar una exposición fotográfica que fue inaugurada por los reyes de España en el Gran Teatro de La Habana y da cuenta de los fuertes vínculos entre cubanos y españoles. La pregunta que surge a raíz de la visita es acerca de cuál es su significado real, maquillada de travesía cultural pero profundamente política.

Díaz-Canel, a través de su cuenta de Twitter, se refirió al evento diciendo que entre los representantes reconocieron “las positivas relaciones bilaterales existentes, basadas e históricos lazos familiares y culturales que fortaleceremos”. Desde el gobierno español se ha declarado que la visita es una forma de corregir “una anomalía en las relaciones bilaterales”, en pos de lograr su normalización. Pero, ¿quién busca normalizar relaciones bilaterales con una dictadura sin antes exigir una salida democrática?

El evento hizo rememorar otras épocas de la política española, en las que el PSOE cuestionaba fuertemente e incluso imponía la censura través del Congreso español a la visita del padre de Felipe VI, el rey Juan Carlos, a la Argentina durante la última dictadura militar encabezada por Rafael Videla. Se cuestionaba lo simbólico de la visita, ¿era una legitimación del régimen dictatorial? 40 años después, aquellos que cuestionaban el posible respaldo implícito que aquella visita significaba, impulsan el viaje del actual rey Felipe VI a otro Estado donde existe un régimen dictatorial.

¿Acaso lo que sucede es que solo las dictaduras “de derecha” son las que se cuestionan? ¿Acaso es posible hoy seguir hablando de dictaduras de izquierda y de derecha? Preguntas que abren un debate en el que muchos creen tener la vara moral de quién es peor que quién pero, en medio de la bruma de opiniones, podemos tener al menos una seguridad (y sin el afán de que sea una coincidencia, citamos a la RAE): una dictadura es el “régimen político que, por la fuerza o violencia, concentra todo el poder en una persona o en un grupo u organización y reprime los derechos humanos y las libertades individuales”. En Cuba existe una dictadura.

En su interlocución en una cena durante su visita el rey Felipe VI se dirigió a los presentes, entre los que se encontraba el presidente Miguel Díaz-Canel, y tibiamente mencionó que “es necesaria la existencia de instituciones que representen a todos los ciudadanos, y que éstos puedan expresar por sí mismos sus preferencias y encontrar en ellas el adecuado respeto a la integridad de sus derechos, incluyendo la capacidad de expresar libremente sus ideas, la libertad de asociación o la de reunión”, una referencia soslayada hacia la cuestionada calidad democrática que se respira en la isla. Es válido mencionar en este punto que, previo a la llegada de la comitiva real, se encarceló al activista y artista Luis Manuel Otero y que José Daniel Ferrer ya llevaba casi dos meses encarcelado en medio de sospechas de tortura y pésimas condiciones de salud.

Felipe VI y Letizia no incluyeron en la agenda de su visita reuniones con grupos opositores al régimen, pero tal vez con el objetivo de mostrar su “neutralidad”, mantuvieron un breve encuentro de aproximadamente media hora con un grupo de personas de la sociedad civil cuidadosamente seleccionados. Otro detalle que no ha pasado desapercibido y que ya se mencionaba desde hace un par de meses, es que los reyes programaron esta visita de manera de retirarse de la isla antes de la fecha del aniversario, el 16 de noviembre, para “no correr el riesgo” de coincidir con la presencia de Nicolás Maduro y Daniel Ortega, presidentes de Venezuela y Nicaragua, respectivamente.

Tal vez toda la situación provoca más interrogantes que respuestas en cuanto a qué es lo que se desagrega de esta visita. No obstante, lo que no es un interrogante es la existencia de una intencionalidad política detrás, ¿cuál es? Dependerá de las decisiones que se sigan tomando de aquí en adelante tras esta revitalización de las relaciones bilaterales.

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