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Pandemia, censura y gobernanzas: una mirada crítica

Lo que es posible pensar y necesario aprender en ocasión de la batalla de sentido abierta por el coronavirus. A partir de las consecuencias que sobrevendrán y a propósito de las causas que la produjeron lo que urge es el pensamiento centrado en información efectiva, sin la supresión de los hechos reales, a contrapelo de todo discurso sesgado e ideologizante, y en pleno dominio de la libertad.

 

Desde varios meses y con creciente intensidad, la cotidianidad de nuestras vidas ha sido impactada por la irrupción del virus SARS-CoV-2, de nombre común COVID-19; primero como fenómeno local en la ciudad de Wuhan, China, y posteriormente como pandemia mundial a la que no ha escapado prácticamente ningún país. Las múltiples reconfiguraciones que causará en todos los ámbitos de la vida común están aún por verse, pero sus impactos más inmediatos permiten, y requieren, un análisis que nos oriente a comprender y diseñar en lo posible los rumbos de tales reconfiguraciones. Lo que pretende este texto, ubicándose como una de esas tentativas de análisis, es considerar las teorías sobre el origen del virus y el manejo que se ha hecho de ellas para ubicarlas dentro de los contextos que las hacen posibles.

Tomo como punto de partida la publicación del documental The Origin of Wuhan Coronavirus, de The Epoch Times en Youtube el 7 de abril, pues en medio de una avalancha de noticias (falsas y verdaderas), especulaciones y guerra ideológica, ha logrado presentar en un conjunto estructurado una de las narrativas dominantes sobre el posible origen del coronavirus.

Resultado de una investigación periodística, abre la puerta a dos consideraciones fundamentales. La primera, que el punto exacto de origen no fue el mercado de Wuhan. La segunda, que con anterioridad al origen del brote en los últimos meses del 2019, se habían realizado publicaciones científicas sobre la existencia de virus de la familia del SARS, y la posibilidad de su traspaso a los seres humanos, así como experimentos de ingeniería inversa en China y en particular en el Instituto de Virología de Wuhan.[1] Varios investigadores entrevistados en el documental coinciden en que ambas direcciones indican claramente que el COVID-19 no ha sido transmitido de manera natural de algún animal a los seres humanos, sino que se trata de una creación deliberada y probablemente filtrada a la población humana por error o negligencia. El contexto en que esto ha ocurrido, y esta es la declaración más explícita del documental, es el secretismo, el ocultamiento y la negación o destrucción de evidencias que constituyen el modus operandi del Partido Comunista Chino.

La veracidad de las hipótesis del documental está aún por confirmar. Si bien parecen posibles, la explicitación de la posición ideológica de los realizadores en la segunda parte del documental, pone en duda la presunción de imparcialidad de la investigación. Así como el secretismo y el ocultamiento del gobierno chino producen sobre la teoría del escape viral de un laboratorio un efecto de credibilidad, la insistencia del documental en la maldad intrínseca de dicho gobierno, y en la superioridad evidente de la democracia occidental y sus pretensiones de progreso, producen sobre la misma teoría el efecto contrario.

Al terminar el documental, me despertaba suspicacia más bien aquello que no habían mencionado. Por ejemplo, un estudio científico efectuado por virólogos que, después de haber analizado la estructura genética del COVID-19, llegaba a la conclusión de que su manufactura sintética habría sido imposible.[2] O el hecho de que, si bien pudo haber sido manufacturado en un laboratorio, en todo caso esta es solo una de las opciones pues la otra teoría sostenida por varios miembros de la comunidad científica, el salto de un animal a otro, conocido como derrame zoonótica (zoonotic spillover), continua siendo también una hipótesis, y es de hecho la más aceptada hasta el momento.[3] Habrá que esperar el desarrollo de las investigaciones para confirmar una u otra hipótesis, basadas en evidencias circunstanciales. Lo cierto es que el gobierno chino está obstruyendo actualmente los esfuerzos por resolver la pregunta sobre el origen del virus, impidiendo incluso a sus científicos publicar sobe el tema sin pasar los filtros de la censura oficial.

La existencia misma del documental y los argumentos que desarrolla son sintomáticos de un clima informativo que oscila entre la guerra fría y la especulación conspirativa, en combinaciones que en muchos casos no pueden distinguirse claramente. El origen y propagación del virus son el punto de disputa más reciente entre potencias en guerra por la primacía económica y por la expansión de sus modelos sociales. La pandemia de coronavirus ha venido a poner en cuestionamiento diversas formas de gobierno. Modelos que podríamos pretender radicalmente diferentes han fallado, aunque por razones diferentes, ante la mayor crisis de salud pública que ha atestiguado el planeta en las últimas décadas. De ese fallo podría emerger, si la visión sobre el impacto fuera prospectiva y constructiva, una nueva imagen de sociedad deseable, como la que propone Mariano Schuster al imaginar la combinación de un estado redistributivo y una ciudadanía informada y crítica en una democracia funcional (Schuster, 2020). Lo que ha emergido de manera más inmediata es, sin embargo, una colisión que aplana matices y gradientes para concluir enfrentando, en el mejor estilo de la guerra fría, a un autoritarismo desalmado encarnado por China con un Occidente democrático encarnado por Estados Unidos. En un clima geopolítico tal, es sano y conveniente observar los sesgos y las subjetividades que se avienen demasiado bien con estas narrativas binarias y polares.

Esto no significa que sea extraño que las dudas que despierta a su vez la actuación del gobierno chino desemboquen en sospechas de oscuras manipulaciones y mecanismos de Estado diseñados para suprimir la crítica y la información oportuna, y encubrir cualquier falla no intencional, o incluso cualquier plan intencional. El autoritarismo chino, que construyó un hospital en diez días y tomó medidas extremas de control poblacional para disminuir la curva de contagios en Wuhan, es el mismo que escondió durante varias semanas la noticia del brote y que probablemente ha mentido sobre la cantidad de muertos causados por la pandemia. Lin Wenliang, el doctor que advirtió inicialmente de la aparición de un nuevo tipo de enfermedad pulmonar similar al SARS 1 (para entonces no identificada), que fue obligado a callar y que murió posteriormente víctima él mismo del COVID-19, es el ejemplo humano indiscutible de esta actitud del gobierno chino. Es, de paso, uno de esos héroes cuyo nombre recordaremos cada vez que el autoritarismo cobre víctimas en su interminable afán de controlarlo todo.

Vale extenderse en este punto porque hay en él reconocible un modelo, un modelo que ha llegado a revelar sus componentes de manera diáfana, después de varias décadas, en los sucesos de Chernóbil. Y en ese modelo, no solo son recurrentes el escondimiento, el silenciamiento y la pretensión de control absoluto sobre la población, sino también la negligencia criminal. Cuando en la desesperación y la angustia de vivir en una situación sin precedentes para la que nadie tiene una respuesta efectiva y permanente, algunos pretenden que es el modelo chino el que deberá prevalecer una vez que retornemos a la normalidad, es necesario recordar esto y no minimizar sus gravísimas consecuencias. Eso en lo que fueron efectivos, no hubiera sido necesario si no hubieran enfrentado el problema como gendarmes hasta que fue imposible contenerlo.

Del otro lado, tampoco deberían ser tomadas a menos, solo porque invocan a la democracia y el libre mercado, las terribles consecuencias de la explotación desmedida que ha conducido de manera más o menos directa a la emergencia del COVID-19. Que se le exija a China por esconder cifras, por mentir, por diseñar mecanismos de control poblacional tales como apps de rastreo de enfermos en tiempo real, pero no tanto por permitir y estimular el comercio de vida salvaje, o por deforestar inmensas regiones y provocar el desplazamiento de hábitats de varias especies animales, es sintomático de que los problemas que subyacen en ambas partes, no son tan contrapuestos como se pretenden. En un artículo reciente, el escritor científico David Quammen dice: “Los científicos hicieron su trabajo; advirtieron hace varios años: aquí hay un nuevo coronavirus ¿Qué debió haber sucedido? Se debieron haber cerrado los mercados de animales salvajes en China. El mundo debió haberse preparado” (Quammen, 2020) . Pero no sucedió.

Lo anterior no debería conducirnos, sin embargo, a suponer idénticas las condiciones de un régimen autocrático como el chino y sistemas democráticos que, aunque minados por el populismo y el personalismo, se diferencian de la autocracia en algo fundamental: la posibilidad de ser cuestionados. Se trata de una diferencia crucial. Mientras que el régimen chino impide la investigación científica y periodística e intenta dominar la narrativa, científicos e investigadores de otras partes del mundo rastrean fuentes oficiales, reportes periodísticos, artículos académicos y ponen en cuestionamiento las verdades impuestas verticalmente. En el primer caso, lo estructural supone la opacidad y el control; en el segundo, la coexistencia y la disputa de las narrativas y sus consecuencias.

No puede dejar de mencionarse, en el espectro que va de la investigación de los hechos al discurso especulativo que, sumado a la guerra ideológica, asistimos a una oleada de teorías de conspiración que, aunque no son nuevas (la teoría de conspiración es tan antigua como el racionalismo que pretendió desterrarlas, con nulo éxito), han venido a incorporarse de manera que las vuelve indistinguibles de los esfuerzos desacreditadores del contrario que muchos medios de comunicación practican actualmente. Cuando Telesur “cita” falsamente a Chomsky para hablar de que el coronavirus fue creado por Estados Unidos para destruir la posición dominante de China en el mercado internacional[4], o cuando lo hace igualmente Prensa Latina citando al sitio Zero Hedge[5] (conocido por sus análisis financieros con toques conspirativos), lo que ha ocurrido es una simbiosis entre dos recorridos que nacen de sitios diferentes pero que han llegado a confluir en la necesidad explicativa de un suceso que supera nuestra capacidad de dar cuenta de él (la emergencia de un virus de alcance planetario) y el dominio público de los “hechos alternativos” y las noticias falsas en el medio ambiente de la posverdad. La teoría de la conspiración supone siempre un culpable oculto que mueve hilos invisibles, y se ve a sí misma como una forma de lucha contra pretensiones homogenizadoras, particularmente si provienen de instituciones científicas y de gobierno. Las narrativas ideológicas y al servicio de la geopolítica están más preocupadas por signar al contrario, al otro, como capaz de las mayores atrocidades, y recurren a la conspiración como una de las variantes posibles al servicio de una guerra donde la verdad o lo cierto han dejado de ser los criterios operantes.

Llegados a este punto, lo que considero necesario destacar sobresale en el contraste no solo con las hipótesis y especulaciones ideológicamente sesgadas, sino con la especulación de tipo conspirativo que en las últimas semanas se ha igualado con la pandemia en su capacidad viral reproductiva. Las teorías que buscan explicaciones más sistémicas, donde sistémico significa apuntar a la develación de causas estructurales más que a una línea de sucesos particulares, suelen ser más útiles, porque pueden producir consecuencias concretas. Como resultado de la pandemia, habrá que cuestionar no solamente a la Organización Mundial de la Salud por sus incoherencias o a los diversos gobiernos por sus fallas particulares (demoras, desprecio por la ciencia y desmantelamiento de estructuras de salud pública, por solo citar algunas de las que han limitado la respuesta a la crisis en sociedades democráticas) sino tomar medidas urgentes por evitar la reproducción, mutación y derrame zoonótico de virus limitando, por ejemplo, el tráfico de animales salvajes. Así mismo, será necesario poner a debate público la legitimidad y la pertinencia de los experimentos de ingeniería reversa que suelen utilizarse para el estudio de los virus y que han sido cuestionados en varias ocasiones dentro de la comunidad científica.[6] Lo que está en juego no son solo las condiciones socio-políticas para la emergencia de un virus, sino una forma de relación con el entorno que seguirá produciendo no solo virus patógenos, sino todo tipo de problemas inmanejables en la medida que el deterioro provocado por el emprendimiento humano, muchos autores denominan Antropoceno, continúe agravándose.

¿Qué es posible aprender de la maraña de información sesgada por la guerra ideológica, las presunciones de conspiración y el desplazamiento de los hechos en la era de la posverdad? Probablemente mucho, tanto en el plano de lo deseable como de lo necesario. Necesitamos una comunidad científica e investigativa con la libertad de cuestionar las narrativas dominantes, sin restricciones gubernamentales. El modelo autocrático hace imposible la transparencia necesaria para hacernos las preguntas sobre temas que afectan nuestra vida colectiva (en este caso de forma literal), así como hace imposible muchas otras libertades. Pero para el libre desarrollo de la investigación es también un peligro la amenaza que representa el populismo creciente de los últimos años. La pandemia ha demostrado que los fantasmas que acompañan a la vocación personalista, fundamentalmente el desprecio por los hechos, resultan en incapacidad para dar respuestas efectivas a las emergencias y asumir las responsabilidades correspondientes, y cobran altas cuotas a la capacidad de la población de estar informada. Ahí donde crece el populismo, el campo es fértil para la especulación desenfrenada, aunque esta no se limita a él ni es su efecto directo. Finalmente, con independencia de cuál sea el resultado de las investigaciones sobre el origen del coronavirus, conviene remitir, analizar y contrastar las diferencias y las desaveniencias políticas contra el fondo del modelo de existencia de la sociedad humana en el mundo. Ella se ha arrogado el derecho de depredar insaciablemente otras ecologías, de humanos que no son considerados plenamente humanos y de seres no humanos cuya única agencia permitida es la de estar a su servicio. La pandemia es un síntoma más de que ese modelo está radicalmente agotado, y de que la supervivencia colectiva depende de la capacidad de tomar las medidas necesarias para detener la destrucción sistemática e ilimitada del mundo para que no termine, además, en suicidio.

 

Referencias

Schuster, Mariano, 2020.  Izquierdas y derechas en tiempos de coronavirus. https://nuso.org/articulo/coronavirus-izquierda-derecha-miedo-estado-bienestar-capitalismo/

Quammen, David, 2020. Emergence Magazine, Shaking the Viral Tree. An Interview with David Quammenhttps://emergencemagazine.org/story/shaking-the-viral-tree/

 

[1] El documental puede verse en https://www.youtube.com/watch?v=Gdd7dtDaYmM&feature=youtu.be. Para un resumen de sus argumentos y las referencias a los artículos científicos, ver Un documental sobre el origen del coronavirus asegura que el Partido Comunista Chino ocultó que es sintético y que se filtró de un laboratorio https://www.infobae.com/america/mundo/2020/04/12/un-documental-sobre-el-origen-del-coronavirus-asegura-que-el-partido-comunista-chino-oculto-que-es-sintetico-y-se-filtro-de-un-laboratorio/

[2] The Proximal Origen of SARS-CoV-2  https://www.nature.com/articles/s41591-020-0820-9

[3] Para conocer esta teoría, puede ser una lectura útil The Pandemc is not a Natural Disaster, de Kate Brown, donde “natural” es entendido en el sentido de la construcción de las condiciones que hacen posible el paso de un virus perjudicial al ser humano desde otros animales. https://www.newyorker.com/culture/annals-of-inquiry/the-pandemic-is-not-a-natural-disaster?fbclid=IwAR1-5NX-gUq2EIef7eNobKJbSR3PrChKGDv2BVTPph0Bwqe_SoMlUCd4-YQ

[4] Chomsky considera que EEUU desató una guerra bacteriológica https://videos.telesurtv.net/video/816343/para-chomsky-considera-que-eeuu-desato-una-guerra-bacteriologica/

[5] Evidencias ponen a Estados Unidos detrás de la epidemia de COVID-19 https://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=344376&SEO=evidencias-ponen-a-ee.uu.-detras-de-epidemia-de-covid-19

[6] Engineered bat virus  stirs debate over risky research https://www.nature.com/news/engineered-bat-virus-stirs-debate-over-risky-research-1.18787?WT.mc_id=TWT_NatureNews

 

[author] [author_image timthumb=’on’][/author_image] [author_info]Hilda Landrove

Cubana, de profesión maestra, se ha dedicado durante años al emprendimiento social y cultural y más recientemente a la investigación académica en temas de antropología. Actualmente es doctorante en Estudios Mesoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México.[/author_info] [/author]

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