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Entrevista Eduardo Brenes Jiménez: “La globalización no va a ser la misma a la que vivimos los últimos 20 años, de aquí en adelante”

El posible cambio en el ciclo económico que se avecina tras la crisis despertada por el covid-19: ¿es esperable otra forma del orden global? Panorama de la región para hacer frente a la pandemia y sus consecuencias. El caso de Costa Rica: el lugar que ocupan en la política pública la planificación del trabajo en red entre instituciones y la construcción de un sistema sanitario sólido para la calidad de los servicios de salud tanto como para la contención de emergencias sanitarias.

 

¿Cómo analizar, desde el liberalismo, el retorno del “estado de excepción” en que entramos dada la circunstancia de emergencia sanitaria que despierta la pandemia del “corona virus”? ¿Cómo impactarán en la región, en las próximas semanas, las medidas de emergencia que tomarán los estados?, y ¿cómo pueden esas atribuciones resultar peligrosas?

Me ha llamado poderosamente la atención, que desde que surgió esta crisis ese ha sido un reclamo muy común desde la social democracia hacia la izquierda. Entiendo, como liberal progresista que soy, que mucho de lo que llaman neo liberalismo, que no voy a negar que exista, yo lo veo más como un capitalismo de “amiguetes”, como un “crony capitalism” (capitalismo clientelista), como dicen los gringos, en el que hay un sector privado que habla de libre comercio, que habla de libertades pero que muy convenientemente se acomoda con el Estado y vive a su amparo, bajo su ala; no quiero caer en lo que hacen los marxistas cuando dicen “ah, pero es que eso no era marxismo… ”¿verdad? Obviamente tienen un costado liberal, estos gobiernos, desde los años 90 para acá no vamos a negar que hay un componente liberal grande en la forma en que se ha gobernado y habría mucho que mejorar en lo que se ha hecho, y que a veces se juega con los dados truncados, porque ese acercarse al Estado para que me proteja “cuando a mí me conviene” no es lo que uno entiende adecuado. Aquí hay que distinguir dos cosas: una es el “estado de excepción” y otra el sistema sanitario, el sistema de salud pública. En primer lugar, no hay ninguna contradicción para un liberal en que el Estado, en momentos de excepción, de emergencia, intervenga. Como hacemos a veces, desde este lado de la acera, juzgamos a la izquierda como si fuera una sola cosa; así como desde la izquierda nos juzgan hacia este otro lado como si fuéramos una sola cosa. Tendencias más minarquistas, más anarco capitalistas no creen en el Estado; los liberales como yo sí creemos firmemente en que debe existir el Estado, creemos en un Estado fuerte, nada más que no en un Estado gigante, que se quiera meter en absolutamente todo. Los liberales que nos podemos ver como herederos de un liberalismo más clásico creemos que el Estado debe estar presente en cuestiones como la salud, la educación; y ahí viene una distinción: no es que se deba “meter”, sino que debe garantizar, como una forma de igualación de oportunidades, que todos los ciudadanos tengamos un sistema de educación pública y un sistema de salud pública. Ahora, ¿en qué nos diferenciamos de los socialdemócratas o de visiones más a la izquierda? En que nosotros pensamos que esa función la pueden ejercer en forma conjunta con el sector privado. Aquí en mi comunidad, por ejemplo, desde el año 1994, los servicios de salud los brinda una cooperativa de médicos, que no es la caja costarricense del seguro social, sino una empresa privada de médicos que firmaron un convenio de gestión con el Estado que les marca cuáles son los límites de acción. Esa cooperativa le brinda a la población sus servicios. Yo no tengo la más mínima queja con el servicio; hasta la fecha nunca he tenido que sufrir una huelga, cuando están en huelga en otro lado, ellos siguen trabajando; segunda cuestión, los costos salen la mitad de lo que salen los costos para el Estado; tengo servicio de entrega de las medicinas a domicilio; tengo posibilidad de sacar citas por teléfono, turnos por internet, no debo hacer una fila; y, además, esta cooperativa, en el compromiso de gestión figura que debe ejercer la función de salud preventiva relacionada, por ejemplo, con control epidemiológico. Funciona entonces como si fuera exactamente el Estado, nada más que es una empresa privada que lo ejerce. Pero, volviendo al punto, desde una perspectiva del “estado de excepción”, los estados de excepción están en las constituciones políticas desde el siglo XIX cuando gobernaban los liberales, los liberales lo entendemos. Solo que somos más cautos respecto de la posibilidad de que los Estados se abusen en el uso de esas potestades. Aceptamos esas potestades siempre y cuando muy claramente sean temporales, no se usen para otros fines y que se entreguen informes una vez terminada la situación. La Constitución política de Costa Rica, que es de corte liberal, su base de 1871, se reformó en 1949, pero la base es liberal, solamente le permite al poder ejecutivo dictar garantías individuales por treinta días, previa solicitud al Congreso, con aprobación de mayoría calificada, de dos tercios, y además cualquier persona que detenga en ese periodo no puede ser trasladada a una cárcel, sino a un centro de detención especial donde tiene que haber verificación de por qué se está deteniendo a esa persona. Entonces, en cuanto al “estado de excepción”, para los liberales no es un reclamo válido, porque lo aceptamos. Ya tendencias más anarco-capitalistas que no creen en el Estado, se acercan más al anarquismo del otro lado. Ahora con el sistema de salud un reclamo que se nos hace es “¿ven?, el Estado sí era importante, nos está salvando…” pero yo creo que es una crítica que yo entiendo pero que generaliza mucho. Nosotros creemos en que la salud pública la debe realizar el Estado, y, además, hay un punto más crucial: el control epidemiológico es algo que solo el Estado puede realizar, no lo puede llevar a cabo el sector privado. Yo hice un estudio, casualmente, sobre la historia del control epidemiológico. Es muy interesante porque el control epidemiológico surge en el siglo XVII. Pestes ha habido a lo largo de toda la historia, pero no es hasta el siglo XVI o XVII que las monarquías europeas comienzan a interesarse y a preocuparse por las pandemias y es casualmente una mezcla del sector público y el privado. Fueron matemáticos y estadísticos ingleses que trabajaban para las aseguradoras del capitalismo que estaba apenas surgiendo los que empezaron a hacer censos de población para calcular los seguros de vida. Y esos censos se utilizaron para cuestiones de salud, por la Corona y por entes públicos. Ese es un caso muy interesante de trabajo conjunto de ambos sectores trabajando de la mano. En Costa Rica, por ejemplo, los que inician de manera sistemática todo el tema del control epidemiológico fueron los liberales. En 1880 en Costa Rica los liberales establecen el primer laboratorio público a cargo del Estado para hacer análisis. En 1890 establecen lo que se llama los médicos de pueblo que eran médicos costeados por el Estado para que se encargaran de la salud de los pobres en cada pueblo. Posteriormente, en 1907 establecen el primer departamento de sanidad en una alianza público privada con el Instituto Rockefeller, de EE.UU., para luchar contra la anquilostomiasis. Y es la influenza española, hace 100 años, porque a Costa Rica atacó en 1920, la que hace que surja la Subsecretaría de Salubridad pública, a raíz de esta epidemia. Y en 1927 uno de los presidentes liberales, Don Cleto González Viquez, establece el Ministerio de Salud de Costa Rica. Después vienen los comunistas, después, los socialcristianos que establecen ya la seguridad social. Entonces una de las críticas que se hace es “señores, no nos apropiemos de algo que ha sido construido por todos”. Todos hemos aportado algo, los liberales pusimos los cimientos, los comunistas aportaron una crítica para que la salud pública fuera más allá de la caridad y se convirtiera en asunto de política pública. Luego vinieron los social cristianos. Costa Rica es un caso particular rarísimo: la Iglesia católica, el conservadurismo y el comunismo se unieron, hicieron una coalición de gobierno y promulgaron leyes importantísimas: la creación de la seguridad social y la Universidad de Costa Rica y el código de trabajo. Solo en este país se pudo haber dado esta combinación. Una vez le contaba esta historia a Pedro Zerolo, el diputado del partido Socialista español, y él no me lo creía. Me decía “¿los franquistas con los comunistas?” ¡Sí! Así se unieron, ¡imagínate qué cosa más rara! Entonces, a ver…, yo entiendo, también esta crítica desde la perspectiva de que la socialdemocracia viene de capa caída y, de verdad, el liberalismo, o lo que llaman neoliberalismo, ha sido predominante, así que yo siento que están agarrando una oportunidad para tirarnos…. Pero, en algunos casos es verdad, es justo el reclamo, y en otros no tanto.

 

¿De qué manera crees que puede impactar la forma en que esta crisis ha golpeado al mundo en términos sociales y políticos? ¿Qué cambios pueden intuirse, pueden preverse a partir de esta situación?

No me gusta la futurología, sobre todo cuando los eventos están en curso, en movimiento. Pero sí te voy a decir algo. Mi olfato, y tal vez me equivoque, uno desde las ciencias sociales se equivoca muchas veces, pero uno tiene algo de olfato. Lo que siento es que va a haber un antes y un después muy importante. A mí me tocó vivir de muy joven la caída del muro de Berlín y se sentía en aquel momento que iba a haber un cambio importante y lo hubo. En la actualidad siento que va haber un antes y un después desde muchas perspectivas. El mundo estaba en un momento de desorientación ya antes del covid, ya bastante complejo, con movimientos autoritarios, las democracias liberales totalmente deslegitimadas, la crisis de 2008 fue económica, fue el preámbulo de eso. He estado conversando con muchos amigos liberales en estos días, pues hay gente que ya está festejando, ahí lo tienes a Slavoj Zizek, feliz, porque él jura todos los días que este es un golpe al capitalismo. A mí me da risa porque el capitalismo, creo, tiene una capacidad de transformación impresionante y que por eso ha permanecido tanto tiempo. A la gente que me dice ojalá que caiga porque a este sistema hay que cambiarlo, créeme que yo también creo que hay que cambar, hay una serie de cuestiones que no están bien, que se tienen que adaptar; pero yo creo que también esta ha sido una época de mucho desarrollo, esta etapa capitalista el bienestar individual de las personas ha mejorado muchísimo, con grandes contradicciones, y esas contradicciones son las que tenemos que trabajar. Aquí entra también el tema de la globalización. Esto va a ser un inicio antiglobalización. La globalización no va a ser la misma, definitivamente a la que vivimos los últimos 20 años de aquí en adelante, por varias razones. Yo sigo creyendo que la globalización es un elemento importantísimo porque la globalización lleva democracia a otros lados, nos pone en contacto a los seres humanos, no solo entre mercancías. Yo creo que allí ha habido un error desgraciadamente. Y, haciendo una autocrítica, desde el liberalismo se ha visto la globalización solamente como un fenómeno económico nada más. Pero la globalización tiene un montón de otros aspectos muy positivos. Lo que yo siento es que el covid19 nos va a llevar a un movimiento súper proteccionista, que yo ya he dicho desde que Trump estaba de candidato. La gente de izquierda no se da cuenta que el discurso de Trump se parece muchísimo al discurso de ellos. En ese proteccionismo, en ese cerrémonos en lo nuestro, nosotros somos el “bueno”, la famosa soberanía alimentaria, que suena muy bonito y yo entiendo que como finalidad está bien en algunos casos. Pero los países son muy diferentes, hay países como EE.UU. o como China, que, por su extensión, su cantidad de habitantes pueden producir muchas cosas y autoabastecerse. Pero otros países tan pequeños como nosotros, y te lo digo desde un país que fue la última provincia del virreinato de Nuevo México, que fue la provincia más alejada de todas y no teníamos un mercado interno donde poder abastecerse de cosas, no puede. Costa Rica nace y su primera actividad económica fue la actividad exportadora; nosotros lo primero que exportamos hacia Panamá fueron mulas, le vendíamos las mulas a los panameños cuando venían los galeones españoles desde el Perú hasta Panamá, y Trinidad, para hacer pasar el oro hacia Portobelo y de ahí irse para España; éramos una agencia de logística, porque vendíamos mulas y bizcochos para alimentar a los que venían en los barcos. Primero fueron mulas, luego cacao, luego vendimos tabaco. Todo siempre fue enfocado hacia lo externo, nosotros no teníamos un merado suficientemente grande. Eso nos aisló y nos permitió la singularidad de este país que se mantuvo muy encerrado, muy aislado. Pero el covid va a afectar eso, va a afectar la globalización; las cadenas productivas globalizadas van a variar completamente. Está pasando y te pongo un ejemplo que está pasando en tiempo real. Intel, la empresa que produce microprocesadores, que estaba aquí en Costa Rica (ha estado aquí por muchos años, tenemos una gran exportación de microprocesadores), se había llevado la manufactura de los microprocesadores para Asia, para China, porque estaba más cerca de donde ellos los venden, y había dejado aquí el laboratorio de alta tecnología. Apenas empezó el covid se trajeron de vuelta la manufactura y están contratando a un montón de gente. Entonces es interesante. La OIT está diciendo que se van a perder 25 millones de puestos de trabajo; creo que sí, en el corto plazo, pero se va a reacomodar el mundo, no sé hacia dónde irá, pero se va a reacomodar. Ha quedado golpeada la globalización, vamos a buscar formas más proteccionistas, desde mi perspectiva no sé si eso será positivo, pero sí será positivo para aquellos a los que no les fue muy bien en la etapa globalizadora.

 

¿Cómo región a América latina dónde se encuentra en términos de regímenes políticos, en temas económicos esta crisis?

Nos encuentra en un muy mal momento. A mí me preocupan algunas áreas de América latina. A mí me preocupa muchísimo Chile. En este momento Chile está pasando una crisis que inició con la antesala, previa y no relacionada con la epidemia, con la crisis del modelo. A mi parecer hay que analizar más allá de lo que siempre se dice “¡Ay! es que la democracia nunca rompió con la dictadura…”, puede ser, desde una perspectiva constitucional; sin embargo, en Chile creo que lo que se dio fue la revolución de una clase media resultado de un ascenso social muy grande que llegó a un tope. Entonces las clases medias se vuelven más demandantes de necesidades. El pobre quiere aalir de pobre, cuando se convierte en clase media quiere seguir y tal vez es ahí donde se dio el problema. Pero a Chile lo agarra mal este momento porque está en un proceso constituyente ahora y eso no sé si es positivo bajo la lógica de la emergencia. Tenemos presidentes abiertamente dictatoriales o autoritarios que se van a parapetar en esta crisis. Me decía un amigo periodista costarricense que está radicado en Holanda, Pablo Gamez, que vamos a pasar de un Estado benefactor a un Estado salvador. Me decía: Bukele, por ejemplo, está usando esta crisis para convertirse en el salvador. No está haciendo nada que no hayan hecho en el pasado otros dictadores latinoamericanos. Pero lo está revalidando. Pero, por el otro lado, creo que crisis de este calibre pueden hacer caer regímenes como el de Maduro. Quizá estoy siendo muy optimista pero una crisis tan grande como la que puede causar una epidemia puede terminar de deslegitimar del todo un régimen tan desgastado por su incapacidad de dar respuestas. O tenemos casos como el de Nicaragua, a la par de mi país, que son un completo enigma. Por cercanía, lo que sucede en Nicaragua es crucial. Nosotros estamos esperando la oleada de gente que venga aquí a atenderse. Ellos dicen que tienen dos casos, nosotros no les creemos, conociendo el sistema de salud nicaragüense, que no es tan malo como el de otros sistemas de salud caribeños. Guatemala, El Salvador y Honduras tienen un sistema peor, creo que Nicaragua es un poco mejor, por influencia de Cuba, por la revolución sandinista. No sabemos si puede apuntalar al régimen. Y luego tenemos democracias consolidadas que pueden caer en crisis de legitimidad, Costa Rica es una de ellas. No te sorprendas si en las próximas elecciones que son en dos años haya crisis; ya venía una crisis de gestión muy grande del partido Acción Ciudadana, que es socialdemócrata, pero que esto lo va a ver agravado porque esto nos está llevando a la ruina. No estamos en tiempos de moderados, estamos sosteniéndonos porque estamos en tiempos de extremistas; opciones como la nuestra que están dentro de la moderación…, a la gente no le gusta saber de moderación, los moderados no estamos de loca moda. Creo que Costa Rica podría fácilmente pasar a un gobierno conservador, no sé de qué tipo, gracias a la crisis del covid, entre otras cosas. Y bueno…, Cuba no sé, es un enigma como siempre. Cuba tiene el problema de ser isla y eso la aísla justamente de los vientos de cambio.

 

Por último, a partir de las características propias del sistema de salud costarricense desde el punto de vista de la gestión epidemiológica ¿cómo valorarías desde la experiencia de Costa Rica los aprendizajes a tomar en cuenta tanto como política pública de los gobiernos tanto como por la acción ciudadana?

Costa Rica es tal vez en la región, junto con Uruguay y Chile, uno de los sistemas más sólidos en cuanto a los sistemas sanitarios. Eso se nota en un punto muy importante: fuimos los primeros en detectar casos. Eso tiene razón de ser. Un sistema sólido es el que puede detectar prontamente. Las críticas aquí mismo decían “fuimos los primeros en tener casos…” como si eso fuera malo, cuando, en cambio, significa nuestra robustez. Tuvimos casos de detección temprana porque el sistema de salud es muy sólido, muy fuerte; aunque es cierto que está con problemas. Nuestro sistema de salud es como un bloque, por eso se llama caja. Es una caja en la que entran tres pilares. Manejamos en una misma institución: salud médica o sea atención médica, seguros de salud y pensiones. Es un mega ente. La Caja Costarricense del Seguro Social es una de las empresas más grandes del Estado: tiene alrededor de 20.000 trabajadores. Lo que pasa es que tiene una cobertura territorial impresionante y además aquí existe una tradición de trabajar de modo interinstitucional muy arraigada. En el momento en que se da una crisis de cualquier tipo entra el Ministerio de salud como interventor, nuestro Ministro de salud cuenta con la ventaja de ser epidemiólogo, es un médico joven de 35 años, graduado en Japón, que lo está llevando de primera. El gobierno de López Alvarado venía con una crisis de credibilidad monstruosa y con la llegada del covid se ha levantado gracias a la gestión de este Ministro, que con sangre fría se ha rodeado de la mejor gente. Tenemos un tejido institucional muy fuerte porque no es solo el sector salud. Inmediatamente que pasan estas cosas la fuerza pública se incorpora a mando del Ministerio de Salud. Los maestros entran a trabajar dentro del sistema de salud. Tenemos una Comisión Nacional de Emergencias que es como una protección civil que entra dentro de esa amalgama y todos entran a trabajar en un comando que ni siquiera el Presidente lo dirige, el Presidente está completamente invisibilizado y es el Ministro de Salud el que está al comando, entonces se maneja muy técnicamente. Yo creo que desde esa perspectiva nosotros estamos intentando prepararnos, pero es que hay otra discusión que se ha dado en estos días y a mí me parece innecesario darla porque esto es algo demasiado inédito. Hay quienes plantean: “nosotros tenemos un sistema de salud pública frente a EE.UU. que no tiene sistema de salud”. EE.UU. es un tema aparte que hay que tratar y es cierto que es una barbaridad que no tenga. Pero en el caso de Costa Rica hay que entender que la mortalidad del covid es muy alta. No hay sistema de salud sólido que aguante el nivel de contagio. En este momento tenemos 119 pacientes detectados de los que han muerto dos señores de 87 años. Costa Rica tiene una población muy envejecida; tenemos que aprender un poco de España y de Italia. La pirámide demográfica se ha vuelto un poco como Cuba, como Uruguay. En este momento tenemos solo 4 pacientes en hospitales, dos de ellos críticos. Pero estas semanas que vienen se sabe que viene el pico porque estamos aumentando de a 20 por día. Lo que está haciendo bien el gobierno es que aprendió de Corea que no podemos hacer lo que hace España e Italia que usaron toda la red de hospitales para atender la pandemia. Y el problema que esto genera es que contagias a otros pacientes que están por otra patología. Costa Rica cogió el Hospital del Trauma que está recientemente construido para atender accidentes, lo vació y lo convirtió en el hospital covid. Todo se va a manejar centralizado en un hospital con personal especializado en esto. No significa que no vamos a tener que usar otros hospitales si el pico viene muy grande. Y lo otro, inmediatamente, la Contraloría General de la República autorizó la compra de más de 800 respiradores; por otro lado, la Asamblea legislativa está trabajando en pleno 24 horas, para pasar leyes. En los últimos 3 días se votó una reforma al código de trabajo para dar flexibilización para que los empresarios privados puedan negociar con sus empleados el prorrateo del pago de haberes para evitar los despidos. Básicamente la crisis económica, que es lo que se viene después, es lo que se quiere prevenir. Y esto es el resultado de un aceitado trabajo de redes institucionales.

 

 

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