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¿Dinamizar o Dinamitar? Un comentario teórico político sobre Democracia (directa) y Populismo

La calidad democrática depende de un equilibrio en la administración del poder que se consuma en la diferencia entre quienes representan y quienes son representados. Lo gobiernos de corte populista explotan abusivamente de los mecanismos de democracia directa hasta llegar a diluir esa diferencia en la identificación líder-pueblo lo que torna inapelable toda decisión y anula a futura la alternancia.

Por Armando Chaguaceda (El Colegio de Veracruz)

 

Introducción

En América Latina, distintos liderazgos gubernamentales han apelado, en las últimas tres décadas, a mecanismos de democracia directa e instancias participativas ad hoc, para apuntalar la agenda y legitimidad de sus proyectos políticos. Dentro de estos usos, destaca la activación de los MDD, concebidos como “instituciones públicamente reconocidas a través de las cuales los ciudadanos deciden o emiten una opinión sobre algún tema específico a través de una boleta, siendo ese voto un sufragio universal y secreto” (Altman, 2019).

Los gobiernos -y en particular los presidentes- con tendencia populista los han utilizado como instrumentos para legitimar, por vías distintas a la electoral, decisiones afines a su agenda (Beltrán, 2020). Ello coincide con la difusión de los MDD a nivel nacional y subnacional para incluir a diversos actores sociales en la toma de decisiones. En ese sentido, Rosanvallon (2020: 354) ha identificado cierta invocación a los MDD “que apelan al pueblo cuando los gobernantes se muestran incapaces de ejercer su responsabilidad tomando una decisión. Por esta razón se los podría calificar también de referéndums de dimisión.”

Existen dos tipos de MDD, definidos a partir del sujeto que los pone en marcha: 1) Los top down, o promovidos desde arriba, que provienen de los sectores gubernamentales con el propósito de brindar legitimidad a sus actos y políticas (Smith, 2009); 2) Los bottom up, que son activados desde abajo a través de la reunión de firmas entre los ciudadanos ordinarios (Welp, 2011). Los liderazgos populistas prefieren los primeros, aunque en entornos de polarización generados por aquellos ambas formas se despliegan en medio de la contienda política. En este texto recuperamos algunas reflexiones anteriores, de referentes internacionales y de nuestra propia autoría, sobre la compleja relación entre MDD y populismo; con la intención de contribuir a un debate sobre el potencial de aquellos para dinamizar o, en su defecto, dinamitar los procesos y entornos democráticos.[1]

 

Dos visiones de la política democrática

Aquí partimos de una noción de populismo que lo reconoce como un modo específico de entender -mediante las polaridades Líder-Masa, interna, y Pueblo-Enemigo, exógena-, ejercer -decisionista, movilizativa y conflictiva- y, en menor medida, estructurar -en formas movimientistas antes que en instituciones estables- la política moderna (Chaguaceda, 2021). Dentro de esa estrategia polarizadora, el populismo sustenta una preferencia por la democracia directa que promueve una visión polarizada e hiperelectoral de la soberanía del pueblo, rechaza los órganos intermediarios, apuesta a domesticar instituciones como los tribunales constitucionales y sacraliza el referéndum (Rosanvallon, 2020).

En tal sentido, la fisiología de la política populista incubaría dentro de la anatomía del régimen democrático; desfigurando sin suprimir aquellos principios y mecanismos que, especialmente centrados en lo electoral, usufructúa como fuente de legitimidad. Establece un modo de concebir la democracia distinto al liberal. Esta tensión, entre una democracia liberal -expresada en las reglas, instituciones y derechos que componen el régimen vigente- y un modo populista alternativo de concebirla y transformarla, está presente hoy en varios países de la región.

 

Democracia liberal vs Populismo: temas comunes, enfoques contrapuestos

Democracia liberal Populismo
Presupuestos:

Asimetría entre clases, grupos y demás actores sociales cómo contexto de la acción política Pluralismo político y diversidad social como hechos y valores reconocidos

Pueblo heterogéneo, entendido como conjunto de todos los ciudadanos con agenda y proyectos varios

Presupuestos:

Asimetría entre clases, grupos y demás actores sociales cómo contexto de la acción política

 

Binarismo conflictivo -con pretensiones monistas- y diversidad como división antagónica pueblo vs oligarquía

Pueblo homogéneo, concebido como sujeto colectivo y virtuoso, con voluntad única interpretable desde el Poder

 

Instituciones:

Separación de poderes y frenos, equilibrios y limitaciones de estos

Poder tendencialmente moderado o limitado

Instituciones:

Preponderancia del ejecutivo sobre los poderes legislativo y judicial.

Poder tendencialmente absoluto y concentrado.

Medios de comunicación: Independencia y diversidad relativas de los medios de comunicación Medios de comunicación:

Control y tutela de los medios de comunicación. Preponderancia de medios públicos bajo control ejecutivo

Elecciones: como regla periódicas, justas y competitivas Elecciones: permanentes, desequilibradas

y manipuladas

Democracia directa: uso excepcional de los referendos y plebiscitos Democracia directa: plebiscitos periódicos -incluida lógica plebiscitaria de elecciones regulares- activados desde el poder o en su contra
Partidos políticos: Reconocimiento de diversidad, oposición y discrepancia democráticas como rasgo de sistema de partidos Partidos políticos:  Dinámicas de polarización, anti-política -rechazo de los partidos políticos y de la política entendida como negociación y acuerdo- y asedio a partidos opositores
Acción política:

Canalización de conflictos y búsqueda de consensos entre intereses diversos de la sociedad a través de acuerdos e instituciones políticas

Acción política:

Exacerbación de conflictos entre intereses diversos,

como ruta en la imposición de un proyecto político con horizonte hegemónico.

Liderazgo: sujeto a responsabilidad política, limitado en acción y duración de mandato Liderazgo: articulador de la dinámica líder-pueblo, Búsqueda de la perpetuación y ampliación de mandatos

Fuente: Elaboración propia a partir de un diseño anterior de Rivero (2020)

 

¿Qué hacemos con los MDD?

El debate sobre las consecuencias desdemocratizantes o efectos democratizadores de uso de los MDD permanece aún abierto. Se ha señalado que las consultas impulsadas por el Poder Ejecutivo tenderían a consolidar lo que O’Donnell (1994) ha definido como “democracia delegativa” (Altman, 2005; Lissidini, 2007). Esto es, algunos líderes recurrieron a estos mecanismos para superar los bloqueos o contrapesos impuestos por otros poderes del Estado, formales o fácticos, recurriendo a la legitimidad derivada del electorado. El resultado de su implementación evidencia, que éstos se han centrado más en el apoyo o no al líder que realiza la propuesta que en la propuesta en sí misma. (Welp, 2008).

Al respecto, enfocándose en el referéndum, Rosanvallon (2020: 342-343) para ilustrar las desventajas entre la lógica binaria (y polarizante) de los MDD y la dinámica potencialmente deliberativa y consensual de las instituciones representativas “Es propio del referéndum proponer una opción binaria. Se trata de responder por sí o por no a la pregunta sometida a los electores (..) La campaña referendaria va a estar estructurada, pues, por un intercambio de argumentos entre los partidarios del sí y los defensores del no. En este marco, la campaña puede resultar rica y animada, pero estará limitada por los términos de la opción propuesta. Limitación que puede revelarse catastrófica si en el transcurso del debate público dichos términos carecen de precisión (..) Las instituciones representativas no tienen esta limitación. En rigor, se caracterizan por ligar la elaboración de una decisión a la posible reformulación de esta durante el debate. (..) Cuando se introduce un proyecto, la propuesta de cambios permite enriquecerlo y especificarlo, clarificar las oposiciones que suscita, confrontar las metas perseguidas con los medios que serán implementados para alcanzarlas”

Al respecto, Rosanvallon (2020: 359-360) ha señalado que el abuso de ciertos MDD conduce “a reducir y desvalorizar el poder legislativo. Contribuye a la vez, mecánicamente, a reforzar el papel del ejecutivo y a establecer un régimen paradójicamente hiperpresidencialista” en el que, bajo un modelo populista “el pueblo-rey de abajo y el hombre-pueblo de arriba se refuerzan mutuamente, con el riesgo, históricamente demostrado, de que el segundo se imponga al primero en nombre de la necesidad de protegerlo de sus enemigos. En este vínculo se expresa el mecanismo del cesarismo como modalidad específica de la servidumbre “voluntaria. Se trata de una forma perversa de radicalización “democrática” a la que es importante prestar atención.”

El abuso populista de los MDD presenta riesgos serios para la calidad democrática: disuelve la responsabilidad política, pues cómo plantea Rosanvallon (2020: 329-331) “Se es siempre responsable frente a otro. En democracia, esta relación es definida por el reconocimiento de una dependencia de los gobernantes frente a los gobernados, de modo que el poder de los primeros es, en este sentido, limitado: los gobernantes actúan bajo las órdenes del pueblo soberano. El ejercicio de una responsabilidad supone por eso una separación entre ambos y una autonomía relativa de los primeros frente a los segundos” mientras que, a la inversa, “cuando el pueblo toma él mismo una decisión no puede volverse contra quien fuere; sus decisiones son inapelables por cuanto no hay nada por encima de él”.

Este uso interesado de los MDD confunde las nociones de decisión y voluntad de la mayoría, toda vez que “En democracia, hay siempre una tensión estructural entre voluntad y decisión, entre largo y corto plazo, y el ciudadano mismo está dividido entre su impaciencia y su expectativa de estabilidad o de cambio duradero” (Rosanvallon, 2020: 341). Además, semejante perspectiva banaliza y sacraliza -con visos de irreversibilidad- el componente mayoritario de la democracia[2], al tiempo que presenta problemas prácticos, al excluir su lógica binaria de la evaluación de mejores opciones y complicar la traducción en normas de la opción ganadora.

Lo anterior nos pone la impronta de, simultáneamente, detectar estos usos populistas de los MDD y proponer mejores modos de realizar, en la práctica, las promesas de empoderamiento inscritas en la idea de democracia participativa. Al respecto Rosanvallon (2020: 347-348) ha señalado que “Los populismos contemporáneos evidenciaron su atracción por esta concepción inmediata de la democracia. A la inversa, podemos estimar que su renovación debe residir sobre todo en la ampliación de las prácticas deliberativas. Por una doble razón. De un lado, porque la deliberación tiene ante todo el efecto de producir una ciudadanía sensible y reflexiva, así como de hacer retroceder las simplificaciones que oscurecen las condiciones de institución de lo social y el reconocimiento de las divisiones reales que lo constituyen. Del otro, porque la deliberación posibilita una participación activa de todos en la vida pública”.

 

Comentario final

Parafraseando a un colega, la alternativa -en Latinoamérica o el mundo- no tiene que ser elegir entre el despotismo oligárquico a la tiranía de la mayoría. Como plantea Rosanvallon (2020: 363-364) “Lo que se necesita para superar el desencanto democrático contemporáneo es, de manera general, una democracia más permanente. Una democracia interactiva en la que el poder sea realmente responsable, que rinda cuentas más a menudo, que permita evaluar su acción a instituciones independientes. Una democracia que organice el ojo del pueblo, el cual deberá estar todo el tiempo abierto, y que no se contente con darle periódicamente la palabra.”

El reto es, en la actual coyuntura global de desencanto con el paradigma liberal y renovados aires populistas, impulsar un ideal, instituciones y procesos democráticos reforzados y ampliados, donde se combinen y desarrollen los aportes de las dimensiones representativa, directa, participativa y deliberativa de la democracia. Así, el uso de los MDD serviría para dinamizar -y no para dinamitar- el edificio inacabado y perfectible de las democracias contemporáneas.

 

Armando Chaguaceda. Politólogo e historiador, investigador del Centro de Estudios Constitucionales Iberoamericanos A.C. Experto país (casos Cuba y Venezuela) del proyecto V-Dem,  de la Universidad de Gothenburg y el Kellogg Institute en la Universidad de Notre Dame. Miembro de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA) y de Amnistía Internacional. Especializado en el estudio de los procesos de democratización/autocratización y de las relaciones entre gobierno y sociedad civil en Latinoamérica y Rusia.  

 

Bibliografía

Altman, D. (2005). Democracia directa en el continente americano: ¿Autolegitimación gubernamental o censura ciudadana? en Política y gobierno No. 2, Vol XII.

Altman, D. (2019). Citizenship and contemporary direct democracy. [Ciudadanía y democracia directa contemporánea: Libro de texto]. Cambridge, England: University Press. Cambridge.

Beltrán, Y. (2020) Motivaciones y simulaciones en mecanismos de democracia directa en América Latina. En L. Querido (comp.), Desafíos de la Democracia en América Latina (pp. 113-124). Ciudad de México, México: Instituto Electoral de la Ciudad de México.

Chaguaceda, A. (2020). Tout pour le peuple, rien par le peuple [Todo para la gente, nada de la gente]: una crítica al populismo mouffeano, Perfiles Latinoamericanos, No 57, Vol 30, CDMX, enero- julio.

Lissidini, A. (2007). Democracia directa en latinoamericana: entre la participación y la Delegación, ponencia presentada a la I Conferencia Internacional sobre Democracia Directa en América Latina, 14 y 15 de marzo, Buenos Aires. Disponible en http://www.ddla.ch/download/Lissidini_Alicia.pdf

O’Donnell, G. (1994). Delegative democracy [Democracia Delegativa], Journal of Democracy No. 1, vol. 5.

Pérez-Liñán, A. (2017). ¿Podrá la democracia sobrevivir al siglo xxi?, Nueva Sociedad, (267), pp. 35-45.

Rivero, Á (2020) ¿Es Francia la verdadera cuna del populismo? El Rassemblement National (RN) [El Encuentro Nacional] como manifestación contemporánea de la tradición gala del estatismo plebiscitario. En A. Uribe (Ed.), Nuevos retos para la democracia liberal: del nacionalismo civico al nacionalismo populista excluyente. Un estudio comparado, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.

Rosanvallon, P. (2020). El siglo del populismo. Historia, teoría, crítica, Barcelona, Galaxia Gutenberg.

Smith, G. (2009). Democratic innovations. Designing institutions for citizen participation [Innovaciones democráticas. Diseñando instituciones de participación ciudadana]. Nueva York, Cambridge University Press.

Welp, Y. (2008). La participación ciudadana en la encrucijada. Los mecanismos de democracia directa en Ecuador, Perú y Argentina. En Íconos. Revista de Ciencias Sociales No. 31. Quito, Ecuador: FLACSO-Ecuador.

Welp, Y. (2011). Latinoamérica conectada. Apuntes sobre el desarrollo de la democracia electrónica. En N. Loza (comp.), Voto electrónico y la democracia directa. Los nuevos rostros de la política en América Latina. Ciudad de México, México: Flacso / Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

 

Referencias

[1] Este texto recupera reflexiones adelantadas en Chaguaceda, Armando, López Zumaya, Lauro H. “Política populista y democracia plebiscitaria: las consultas ciudadanas en el México de la Cuarta Transformación”, Andamios, 2021, 18(46), 205-232.

[2] Partiendo de su análisis sobre la dinámica refrendaria del populismo, Rosanvallon (2020: 352-354) ha alertado sobre el riesgo de banalizar el uso de los MDD “Banalizado, el riesgo es doble. Se lo desvaloriza primero al no reconocer la especificidad de su registro. Por otro lado, se tiende a absolutizar el hecho mayoritario, con lo cual se pierde de vista que es solo una expresión límite de la voluntad general cuyo reconocimiento debe vincularse –⁠volveremos sobre esto⁠– a la implementación de instrumentos complementarios de aproximación a ella. El peligro está por ende, a la vez, en banalizar lo excepcional y en radicalizar la banalidad en el funcionamiento democrático (..) De igual modo, sería necesario distinguir el principio mayoritario como técnica de decisión y el principio mayoritario como expresión aproximada de la voluntad general”

 

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