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Cuba busca ser multicolor

¿Sería posible para nosotros imaginar vivir en un mundo dónde se nos persigue por nuestra orientación sexual o por el hecho de reclamar por nuestros derechos más básicos? ¿Sería posible imaginarnos por un momento siendo perseguidos y hostigados por querer una vida distinta al modelo pre-establecido?

Probablemente, la respuesta a esos interrogantes, que parecen ser tan simples y obvios, sería no. No imaginamos vivir en un mundo de separatismos y persecuciones, porque la realidad en la que vivimos muchos de nosotros nos habilita no sólo a imaginar, sino también a construir una vida justa y digna para todos; en la que se ha dejado en el pasado toda forma de discriminación o insensibilidad, o cuando menos lo intentamos día a día. Es válido remarcar, no obstante, que nada de esto es casual o espontáneo: La puja política y social continúa, el acceso a la información en todas sus variantes y formatos, la posibilidad de expresarnos en la esfera pública como ciudadanos, son algunos de los factores que nos permiten vivir en sociedades cada vez más conscientes y libres de estereotipos de género o cualquier tipo.

Y aunque las conquistas de las comunidades LGTB son muchas y sus niveles de apoyo y aceptación son cada vez más amplios -principalmente en occidente- existen aún estados que lejos de acoplarse al respeto por la diversidad, a través de sus leyes y políticas de censuras, intervienen en su activismo y por tanto en la adquisición de nuevos derechos. Los casos se vuelven más evidentes, cuando en los países se ejerce el poder a través de regímenes autoritarios o dictatoriales.

En la región Latinoamericana, Cuba puede nombrarse como ejemplo de aquello. La isla, tuvo un marcado antes y después, si se toma como punto de referencia en el tiempo la Revolución Cubana en 1959, en lo que se refiere a inclusión de identidades divergentes.

Durante la dictadura encabezada por Batista, las cuestiones concernientes a personas homosexuales o mujeres que ejercían la prostitución eran de relevancia baja o prácticamente nula para el ámbito político. De hecho, en la década de 1950 en La Habana era frecuente encontrar en las noches bares abiertamente dirigidos a público gay. Por aquel tiempo, en comparación a países vecinos, Cuba exhibía a grandes rasgos niveles normales de aprobación y tolerancia.

Con el arribo de Castro al poder, la situación de éstas comunidades dio un giro negativo, puesto que pasaron de ser invisibles a ser perseguidos y hostigados por su sexualidad o modo de vida. Todo aquello se vio concretado a través de una serie de medidas que tenían por trasfondo identificar y castigar a masculinos que se presumieran homosexuales, que vistieran y/o actuaran de manera extravagante o trasgredieran de alguna manera los límites del género biológico. Los hechos fueron recrudeciendo de insultos denigrantes en la vía pública, a detenciones arbitrarias, trabajo forzado, despidos laborales sin causa o justificación, finalmente esto llevo a miles de cubanos a exiliarse y a otros a permanecer e involucrarse en actividades contrarrevolucionarias.

Una suerte de prohibición/ilegalidad de la homosexualidad fue lo que se instauró en el país centroamericano entre 1960 y principios de 1980, tiempo en el cual la violencia y la cacería se sistematizaron y esparcieron a todos los ámbitos de la vida social. No fue hasta 1986, que el gobierno mediante la Comisión Nacional de Educación, admitió públicamente que la homosexualidad no representaba ningún peligro para la población y se trataba sólo de una faceta de la sexualidad humana, hecho a partir del cual cesó en medida el acoso y agresión contra personas LGTB por parte de la policía. Sin embargo, nada aseguraba un trato más humanizado y empático por parte de los ciudadanos y las Iglesias cristianas.

Los avances más reveladores y optimistas comenzaron a verse con la llegada del nuevo milenio. Durante 2000 y 2012 se liberó el arte y la cultura, por lo que decenas de libros previamente censurados pudieron adquirirse en cualquier puesto de venta, los programas de la TV cubana comenzaron a exhibir sutilmente parejas del mismo sexo y muchos artistas gays y lesbianas recobraron fama y admiración.

Actualmente, si se propusiera un balance general de la situación de las comunidades LGTB cubanas, podríamos proyectar que algunos aspectos concernientes a tolerancia y aceptación por parte de las esferas del poder y la sociedad civil han llegado a puntos positivos. La visibilidad y la posibilidad de integración al ámbito laboral, político y social implican una significativa mejora en su calidad de vida. Algunos sectores vinculan estos adelantos con la figura de Mariela Castro, la psicóloga y sexóloga que se encuentra al frente del Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba, quien siempre mostró una posición de apertura en relación a otros miembros de la cúpula de gobierno.

No obstante, persisten aún áreas marcadas por la dilación o el poco compromiso y que imposibilitan alcanzar otros niveles de progreso. En ése escenario de escasas definiciones, el actual presidente Miguel Díaz-Canel, parece estar rodeado entre los pilares de la revolución comunista y una sociedad fragmentada entre grupos conservadores que nuclean miembros eclesiásticos y familias tradicionales, y otros sectores más progresistas integrados por colectivos de personas LGBT, jóvenes y referentes artísticos.

El panorama, pareciera favorecer las discusiones, pero no así las acciones concretas. De ése modo, los cubanos se alejan de lograr que se apruebe una ley de matrimonio entre personas del mismo sexo, lo que constituye una de las principales luchas para el colectivo y ha sido una de las iniciativas que más resistencia ha tenido por parte de la población.

Otra cuestión pendiente para las colectividades de personas gays, lesbianas y transexuales, es la organización independiente y auto convocada de marchas y eventos para la difusión de sus derechos, pues cabe recordar que en Cuba las manifestaciones sociales cualquiera sea su índole consigna debe aprobarse previamente por el gobierno. Y si bien, el acceso parcialmente liberado a Internet en la isla habilita la posibilidad de difusión y participación ciudadana mediante plataformas digitales en las actividades, las convocatorias exitosas en número, libres de represión y censura son pocas.

Una marcha llevada a cabo en el último tiempo fue la de Mayo de 2019, la cual surgió a raíz del descontento que generó la cancelación de la “Conga Cubana”, un evento marcadamente oficialista que se realiza anualmente en contra de la homofobia y toda forma de discriminación. Ésta contra marcha, fue elogiada por los medios de comunicación y opositores al Castrismo debido a la gran cantidad de asistentes y fue definida como una de las más masivas, independientes y reactivas realizada en los últimos tiempos.

Hacia el final, no es tarea sencilla cuantificar los avances y retrocesos e identificar cuáles tienen más peso o podrían llegar a representar motores de cambio para la isla. Para muchos ciudadanos, analistas y activistas, el compromiso del régimen cubano con las comunidades LGBT es laxo y no implica ninguna prioridad en el desarrollo de nuevas políticas, de hecho; hay quienes observan la situación con mayor escepticismo y denuncian una cortina de humo que sólo contiene gestos de distracción en relación a otras situaciones de mayor urgencia en el país. Lo cierto, es que el mundo hoy demanda más inclusión, tolerancia y respeto; y cualquier estado que se precie de moderno, debe estar listo a la hora de recepcionar tales demandas.

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