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60 años al servicio de la democracia en las Américas  

Las Misiones de Observación Electoral como herramienta de construcción y perfeccionamiento de los procesos electorales y salvaguarda del sistema democrático. Justicia, inclusión y transparencia son los atributos sobresalientes de elecciones con integridad, por las que trabaja la OEA.

Por Brenda Santamaría*

 

El 4 de febrero se cumplieron 60 años desde que la Organización de los Estados Americanos (OEA) envió a Costa Rica la primera misión técnica para presenciar las elecciones celebradas en 1962. El envío de este equipo, integrado por tres personas y dirigido por el diplomático chileno Manuel Bianchi, constituye la piedra fundacional de uno de los instrumentos más valiosos con los que cuenta la Organización para proteger y defender la democracia en las Américas: las Misiones de Observación Electoral.

En estas seis décadas, las misiones electorales de la OEA han sido posibles gracias al incansable trabajo de más 13.000 observadores/as y especialistas internacionales que formaron parte de 295 despliegues en 28 de los 34 Estados Miembros activos de la OEA.

Ser parte de este programa, que ya tenía 45 años cuando participé por primera vez, me ha permitido, no solo ser testigo de su desarrollo técnico sino también del orgullo y compromiso con el que cada una de las personas que integran las misiones portan el chaleco de observador/a. Me siento identificada con mis colegas porque haber trabajado en más de 100 misiones de la OEA ha sido, sin duda alguna, uno de los grandes honores de mi recorrido profesional.

Las Misiones han cambiado de manera significativa a lo largo de las décadas buscando responder a los desafíos que enfrentan las democracias de la región. Durante los primeros años, consistieron en ejercicios esporádicos y ad hoc que constituían un acompañamiento más que nada político.

Un punto de inflexión en la evolución de este programa fue el envío de la Misión de Observación Electoral a Nicaragua entre agosto de 1989 y abril de 1990 (Las elecciones Generales se celebraron el 25 de febrero de 1990). Este despliegue marcó un cambio radical en la modalidad de trabajo, porque no sólo se extendió durante casi nueve meses en el país, sino que también contó con 433 personas que estuvieron presentes en todas las regiones del país para observar la jornada electoral.

Con la adopción de la Carta Democrática Interamericana en 2001 y la inclusión en su texto de un capítulo dedicado a las Misiones de Observación Electoral, los Estados miembros hicieron explícita su confianza en esta herramienta y en sus aportes a la democracia regional. Asimismo, en ese documento, establecieron los lineamientos básicos para su funcionamiento indicando que se deben llevar a cabo “de forma objetiva, imparcial y transparente, y con la capacidad técnica apropiada” y el mandato de presentar informes ante el Consejo Permanente de la Organización.

Años más tarde, en 2005, con la firma de la Declaración de Principios de para la Observación Internacional de Elecciones, junto a Naciones Unidas, El Centro Carter, El Instituto Nacional Demócrata, la Unión Europea, la Unión Africana, y otras muchas organizaciones, la OEA reforzó su compromiso por seguir profesionalizando las Misiones. Fue a partir del siguiente año cuando se inició, desde el Departamento para la Cooperación y Observación Electoral, el desarrollo de una serie de manuales que le permite a las misiones analizar de manera sistematizada los aspectos clave de toda elección.

Las metodologías con las que hoy cuenta la OEA cubren múltiples dimensiones del proceso electoral, desde aquellas que tienen que ver con la organización y logística electoral y el uso de tecnologías, pasando por el funcionamiento de los sistemas de justicia electoral y abarcando también aspectos como la participación político-electoral de mujeres, la participación de pueblos indígenas y afrodescendientes, y el financiamiento de las campañas, todos ellos elementos fundamentales para evaluar el grado de inclusividad y la equidad de una elección. Dependiendo del contexto, y también basadas en estándares internacionales, las Misiones también observan temas como la distritación, la seguridad electoral y el voto de los ciudadanos radicados en el extranjero.

El objetivo principal de estas misiones es emitir recomendaciones detalladas y técnicas que apoyen a los Estados en su camino hacia elecciones más justas, incluyentes y transparentes. Hoy, gracias a estudios académicos y al propio análisis que hacen los expertos, sabemos que las Misiones son efectivas y que los países acogen las recomendaciones para continuar perfeccionando sus sistemas electorales.

La naturaleza dinámica de los procesos electorales nos motiva a mantenernos atentos a los desafíos que se nos presentan. Para eso, estamos trabajando en la actualización de manuales existentes y en el diseño de nuevas herramientas que permitan observar de manera sistemática los retos más recientes que enfrentan los procesos electorales.

Una clara muestra de la capacidad de adaptación y resiliencia de estas misiones se evidenció durante la pandemia de COVID-19. Cuando el mundo se detuvo y las fronteras se cerraron, las Misiones de la OEA siguieron activas. Ni una invitación quedó sin ser atendida. Los procesos electorales se atrasaron, en algunos casos, pero la democracia siguió su curso y así también lo hicieron las misiones. Detrás de barbijos, protectores plásticos y maximizando las medidas de seguridad sanitaria, se enviaron observadoras/es y expertos/as en 18 oportunidades a 13 países de la región.

Las Misiones de Observación Electoral de la OEA son hoy en día reconocidas a nivel mundial y estoy convencida de que constituyen “un bien público hemisférico”, como lo ha resaltado hace ya unos años el Secretario General Luis Almagro. El rigor técnico con el que se llevan a cabo y su foco puesto en los derechos políticos de la ciudadanía, consagrados en los tratados internacionales, las convierten en herramientas clave para la mejora continua de los procesos electorales en las Américas.

*Brenda Santamaría. Jefa de la Sección de Observación Electoral, liderando y coordinando las actividades relacionadas con el despliegue de Misiones de Observación Electoral (MOEs). Se desempeñó como Directora interina del Departamento para la Cooperación y Observación Electoral de febrero a julio del 2018. Ha trabajado en el despliegue de más de 100 MOEs en distintos roles desde que se sumó al equipo en 2007. Supervisa también las actividades de comunicación y recaudación de fondos del DECO. Ha coordinado el desarrollo de cursos online, capacitaciones presenciales y reuniones orientadas a fortalecer las capacidades de las autoridades electorales de la región. Tiene más de 20 años de experiencia profesional en periodismo, comunicaciones institucionales, elecciones y relaciones internacionales. Cuenta con una Maestría en Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella y una Licenciatura en Periodismo por la Universidad del Salvador de Buenos Aires.

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